Hna. Aurea Mª Ferreira Ledesma

Madrid, 21 de enero de 2026

“… Allá en un tiempo lejano
nuestra niñez se quedó
y hoy es un fruto dorado,
de fe y amor, madurado
lo que ofreces al Señor. …”
(Eladia de Jesús Sacramentado i.c.d. 1977)

          Queridas Hermanas:

     “Estamos en la sala de espera del mundo para entrar en el cielo”. Así comenzaba la homilía del sacerdote en la Misa funeral. Esta fue una verdad fundamental en la trayectoria existencial de nuestra Hermana:

Francisca Ferreira Ledesma
En religión: Áurea María

     Que el pasado día 31 de diciembre de 2025, desde la Comunidad “Nuestra Señora del Carmen” de Casa Madre, nuestro buen Padre Dios la llamó a su presencia.

     Nacida el 6 de febrero de 1932, en Monesterio, Badajoz, era hija de Antonio y Eloisa de cuyo matrimonio nacieron tres hijas, siendo nuestra Hermana la segunda de ellas. Fue bautizada dos semanas después, el 17 de febrero de 1932, en la Iglesia Parroquial de San Pedro Apóstol de su pueblo natal, donde también fue confirmada el 4 de julio de 1937.

     Comienza su postulantado en Badajoz, el 3 de octubre de 1950. El noviciado lo inicia el 30 de octubre de 1951 donde también hace sus votos temporales el 2 de octubre de 1952 y los perpetuos el 20 de septiembre de 1958. Celebra sus Bodas de Plata el 12 de junio de 1977 en Roma.

     Dejó escrito que “Siempre aceptó cada tarea encomendada, más que como servicio, como misión. Porque todo es misión, si se acoge como voluntad del Señor manifestada a través de las personas que Él va poniendo en el Gobierno de nuestra amada Congregación”. Realizó esta misión en las comunidades de Granada, Nápoles, Grottaferrata, Roma, Murcia y Orihuela.

     Sería interminable hacer la lista de sus virtudes, por eso sólo destacaremos lo que la caracterizó:

     En lo humano: su discreción, su eficiencia, su saber “estar”. El orden en el trabajo y la respuesta pronta a lo que se le solicitaba. Muchas personas, miembros de la gran familia Carmelita, religiosos de otras Congregaciones, seglares, entre ellos devotos de la Causa de Madre Elisea, manifiestan su aprecio y gratitud por la amable e incansable dedicación en atenderles siempre que acudían a ella. Cada persona que se le acercaba, se sentía acogida y tratada con total esmero, como si no existiera otra persona a quién atender u otro quehacer que cumplir.

     Dotada de una memoria prodigiosa, como encargada que era del Archivo Histórico de la Congregación, sabía dar respuesta a cuantos datos de nuestra historia se le solicitaban, así como de las Hermanas que habían pasado por ella, desde los inicios. Muy especialmente conocía todo lo referente a la vida de Madre Elisea y a los pormenores de su trayectoria mientras vivió en la tierra y todo lo que después ha seguido haciendo desde el cielo.

     En lo espiritual: su fidelidad a los compromisos de su consagración al Señor, a la vida de oración, a la vida comunitaria, al estudio y formación en los valores esenciales de nuestra espiritualidad, su amor a María… Era frecuente verla dando tiempos extra al Señor en la capilla. Solía tener una acertada respuesta, bien bíblica, bien de algún santo, a algún hecho de la vida común que fuera criticado. Conocía de manera excepcional la vida y escritos de San Juan de la Cruz y de Santa Teresa de Jesús, así como de otros santos carmelitas y los citaba con frecuencia.

     Si de alguna persona podemos hablar y atribuirle solidez, coherencia, ecuanimidad y autenticidad de vida, es a nuestra querida Hna. Áurea.

     ✓ Su solidez se proyectaba en lo exacto de sus criterios y su certera respuesta a lo que, en las distintas etapas de su vida, se le fue presentando: servicio a los enfermos y ancianos, responsabilidad como Consejera y Ecónoma General, colaboración en la Formación en las primeras etapas, responsable del Archivo General y, finalmente, el encargo fundamental en su vida: Vicepostuladora de la Causa de Canonización de Madre Elisea Oliver Molina, nuestra Fundadora.

     ✓ Su coherencia estaba asociada a su vivir y “andar en verdad”, siendo siempre natural, espontánea y sincera. No había ninguna doblez en Hna. Áurea. Su hablar y actuar respondía siempre a lo que creía y pensaba.

     ✓ Su ecuanimidad era manifiesta en su talante sereno, en su forma de ser no sometida a altibajos y en su valoración de los hechos y de las personas. Su estado de ánimo raramente se alteraba, a no ser que le afectara algún problema familiar o de la Congregación, al que respondía siempre serenamente con criterios de fe.

     Estuvo siempre muy unida a su familia, teniendo trato de cercanía y cariño con todos. Compartía añoranzas del Cielo con sus hermanas, principalmente con su hermana mayor, Eladia, que fue Carmelita Descalza de Clausura, en Sevilla.

     En verdadera autenticidad de vida podemos resumir su larga trayectoria humana y religiosa. Hna. Áurea, persona maravillosa y gran religiosa, enamorada de su Congregación, de la Orden y de la historia en general, ha tenido una vida buena, larga, plena, llena de sentido y concluida en una muerte serena, entregando su alma con gozo y paz al abrazo misericordioso del Dios de la Vida: “ha muerto como una santa”.

     Hna. Áurea sentimos el gran vacío que has dejado, pero ¡descansa y disfruta del reencuentro con los tuyos en el precioso lugar que el Señor te tenía reservado, desde siempre, en el paraíso!

Fabiola Mª Freitas Gusmão, H. Carm.
Secretaria General