Vida consagrada

CONSAGRADOS A DIOS EN LA VIDA CARMELITA «FASCINADOS POR EL MISTERIO DE CRISTO»

 

Llamados a la comunión con Dios y al seguimiento de Jesucristo

Dios «nos ha amado primero» y nos ha llamado a participar en la comunión trinitaria. Haciendo experiencia de su amor, reconocemos su llamada. Movidos por el Espíritu, escuchamos la Palabra de Cristo, que es Camino que lleva a la Vida. Siguiendo sus huellas, nos ponemos en marcha confiando en el amor misericordioso de Dios, hacia la cumbre del Carmelo, lugar del encuentro con Dios y de la transformación en Él. En nuestro camino hacia el Monte, Dios nos conduce al desierto, como hizo con el profeta Elías. Allí la llama viva del amor de Dios nos transforma, quitándonos lo que no es suyo y oscurece su don. Ella hace emerger y resplandecer en nosotros al hombre/mujer nuevos, a imagen de Cristo.

Los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia, profesados públicamente, son un modo concreto y radical de vivir el seguimiento de Cristo. Ellos son un don de la Trinidad, cuyo amor eterno e infinito toca las raíces del ser. Cuando se abrazan con el compromiso generoso que nace del amor, los consejos evangélicos contribuyen a la purificación del corazón y a la libertad espiritual. Por medio de ellos el Espíritu Santo nos transforma gradualmente y nos configura con Cristo. Nos vamos convirtiendo entonces en memoria viviente del modo de existir y de obrar de Jesús de Nazaret. Lejos de convertirnos en extraños al mundo en que vivimos, con la profesión de los consejos evangélicos nos convertimos en levadura para la transformación de ese mismo mundo y testigos de las maravillas que Dios hace en la fragilidad humana.

Llamados a la fraternidad y a la misión en la Iglesia y desde la Iglesia

No estamos solos en esta dura subida al Monte Carmelo: nos acompaña la Virgen María, nuestra Hermana y peregrina en la fe, que nos anima como Madre y Maestra. Hacemos este camino junto a los hermanos y hermanas que han recibido el mismo don y la misma llamada. Con ellos intentamos construir una comunidad plasmada sobre la de Jerusalén, toda centrada en la Palabra, la fracción del Pan, la oración, la comunión de bienes y el servicio. Caminamos en la Iglesia y con ella por los caminos del mundo. Como Elías nos hacemos compañeros de viaje de nuestros contemporáneos, tratando de ayudarles a descubrir en ellos la presencia de Dios. De hecho, en cada uno está presente la imagen de Dios, que debe emerger con plena libertad, incluso cuando está ofuscada por las contradicciones interiores o por las injusticias ajenas.

La Iglesia reconoce que la vida de especial consagración por medio de los consejos evangélicos pertenece a su vida y santidad. Dado que la vida religiosa refleja el mismo modo de vivir de Cristo, por su medio se tiene una manifestación especialmente rica de los bienes que no pasan y del mismo fin de la Iglesia como mediación para la salvación de la humanidad. Además, la vida religiosa vivida en comunidad es signo elocuente de la Iglesia como misterio de comunión e imagen de la vida trinitaria.

En el mundo en que vivimos

Nuestro mundo es un mundo rico de posibilidades y oportunidades, en continuo desarrollo, pero a la vez lleno de contradicciones…

  • La comunicación facilitada por los medios, cada vez mas sofisticada, es a la vez promesa y reto.
  • El desarrollo de la ciencia y de la técnica facilita la vida de muchos, pero oprime la de otros y no siempre respeta el medio ambiente natural.
  • Los derechos humanos, afirmados muchas veces con solemnidad, luego son pisoteados.
  • A la mujer se le han reconocido derechos y funciones iguales a las de los hombres, pero hay demasiadas mujeres que siguen siendo víctimas de abusos.
  • Frente a niños demasiado mimados y viciados, hay otros violados y utilizados por la voracidad de quienes carecen de sentido moral.
  • La globalización de la economía y de la cultura, si pueden ser ocasión de desarrollo armónico para todos, presenta también numerosas y graves consecuencias para los pueblos más desfavorecidos.
  • La sed creciente de espiritualidad contrasta con la presunción del secularismos, pero no siempre logra expresarse en auténtica vida de fe: puede convertirse en fuga de la dura realidad de cada día y derivar hacia cultos esotéricos, movimientos pseudo místicos e incluso sectas.
  • Junto al deseo sincero y a experiencias de diálogo interreligioso no faltan episodios dolorosos de fundamentalismo e integrismo, con frecuencia homicidas.

Somos ciudadanos de este mundo; compartimos sus «alegrías y esperanzas, tristezas y angustias»; por él caminamos con humildad, junto con nuestros hermanos y hermanas, atentos a descubrir, como Elías los signos de la presencia y de la obra de Dios.

La identidad de la Congregación de las HERMANAS DE LA VIRGEN MARÍA DEL MONTE CARMELO, dentro de la gran Familia Carmelita

El Carisma – Espiritualidad de la Orden del Carmen: vivir en obsequio de Jesucristo en actitud contemplativa, lo cual alimenta y sostiene nuestra vida de oración, de fraternidad y de servicio, tal como lo vivieron el profeta Elías y la Virgen María, no es patrimonio exclusivo de los frailes. Todos los miembros de la Familia Carmelita, en sus diferentes ramas y cada uno según su estado, gozan igualmente de los mismos dones del Espiritu. Así se refleja en las Constituciones de la Orden de los Hermanos:

«La multiforme encarnación del carisma del Carmelo es para nosotros motivo de alegría y confirmación de una fecundidad creadora».

«Este carisma carmelita se da a todo el conjunto de la familia del Carmelo, por lo cual los diferentes miembros de la misma desempeñan un papel importante en la formación de los demás, sea cual sea la parte de la familia a la que pertenezcan, a fin de que las diferentes experiencias del ser carmelita se enriquezcan mutuamente».

Por lo tanto, los valores del Carisma y la Espiritualidad del Carmelo, son también los valores esenciales que configuran la identidad de nustra Congregación, en esa forma de expresión de Vida Religiosa femenina apostólica que nos define, diferente de la de los Frailes, los Laicos y las Monjas de clausura. Por ello los hacemos nuestros, los asimilamos y transmitimos, con las exigencias y matices con los que el Espíritu nos conduce a través de la historia y nos capacita para hacer efectiva nuestra contribución a la construcción del Reino de Dios, con nuestra vida y actividades apostólica.

Nuestro reto consiste en responder al don de la vocación carmelita con la misma fidelidad con la que nuestra Fundadora, Madre Elisea Oliver Molina, recibió, encarnó y plasmó en su vida y en su acción apostólica, estos valores evangélicos propios de la Orden del Carmen.